¿Dónde se ha quedado el principio y el concepto de neutralidad y de imparcialidad en el periodismo? ¿Cuánto tiempo hace que se enterró y que no se valora y por qué no se habla de él siquiera, cuando ha sido la máxima deontológica de esta otrora –como ya he dicho en tantas ocasiones–, bendita profesión, hoy, maldita, denostada y enrabietada? ¿Dónde han quedado aquellos años en los que se enseñaba en las Facultades de Ciencias de la Información, que los más grandes pecados del periodista, eran el no contrastar y darle pábulo a un rumor, hoy bulo? ¿Dónde aquellos días cuando se quería conocer y se perseguía la verdad y cuando un chisme, sólo lo decía o escribía uno pasado de vueltas o las revistas satíricas? Vivimos días de una intensidad periodística sin precedentes. Una intensidad devenida de una crisis mundial, pero precedida en el caso particular de España, de una importantísima crisis moral y de valores. Está en juego algo muy importante que transciende los límites de la deon...