¿Dónde se ha quedado el principio y el concepto de
neutralidad y de imparcialidad en el periodismo? ¿Cuánto tiempo hace que se
enterró y que no se valora y por qué no se habla de él siquiera, cuando ha sido
la máxima deontológica de esta otrora –como ya he dicho en tantas ocasiones–,
bendita profesión, hoy, maldita, denostada y enrabietada?
¿Dónde han quedado aquellos años en los que se
enseñaba en las Facultades de Ciencias de la Información, que los más grandes
pecados del periodista, eran el no contrastar y darle pábulo a un rumor, hoy
bulo? ¿Dónde aquellos días cuando se quería conocer y se perseguía la verdad y
cuando un chisme, sólo lo decía o escribía uno pasado de vueltas o las revistas
satíricas?
Vivimos días de una intensidad periodística sin
precedentes. Una intensidad devenida de una crisis mundial, pero precedida en
el caso particular de España, de una importantísima crisis moral y de valores.
Está en juego algo muy importante que transciende los límites de la deontología
periodística: el final de una cultura, de una civilización, de un modo de vida.
Como Aldus Huxley pronosticara en su novela “Un mundo feliz”, estamos abocados
a terminar con esta sociedad que durante dos mil quinientos años, ha ido
campeando el temporal de los tiempos, según los vientos que han ido soplando a
lo lardo de estos dos milenios y medio… para llegar a esto.
Sé que suena catastrofista. A una predicción del
estilo de Nostradamus, pero todos los actuales hechos, todos los augurios y
todos los pronósticos, hablan de un cambio de ciclo. Da igual el eufemismo que
se utilice o que se use, la cuestión es, esa afluencia de pareceres que
confluyen en el final de algo, porque vectores como la ideología de género, por
ejemplo, el periodismo o el de la educación que se transmite desde las
guarderías hasta las universidades, concurren para ese determinado fin. Las
mayores multinacionales que maneja más del 80% de los medios de comunicación, y
no solo en su apartado de noticias, sino de entretenimiento, cine y ese largo
etcétera con el que se nos “forma”, están en manos de tan solo estas compañías:
Comcast, Disney, Time Warner, News Corp, National Amusement y Sony en EEUU y Bertelsmann
en Europa, cuyos propietarios, son los verdaderos amos del mundo. Los Larry
Summers, Henry Kissinger, David Rockefeller, George Soros y por último, pero no
menos importante, la familia Rothschild. Los Rothschild son, posiblemente, la
familia más rica del mundo y dueños de la mayoría de los bancos centrales del
mundo, así como controladores del Fondo Monetario Internacional y el Banco
Mundial.
¿Qué tiene que ver esto último con los tiempos que
vive la prensa en España? Muy sencillo: El manejo y la utilización de los
medios de comunicación, por parte de esos que se dicen profesionales de la
información en aras de unos beneficios para los propietarios a los que les
importa un bledo la adscripción política ni las tendencias políticas, ni el
adoctrinamiento político de quienes dirigen esos medios. Todo forma parte de
una agenda global que lo que pretende es subvertir el orden mundial en el que
nos encontramos, quebrando el paradigma que ha sido válido durante los dos
últimos milenios.
Esta es la mayor de las desgracia, a nivel global,
pero a nivel particular español, es la tremenda impotencia que siento, viendo
la polarización ideológica, derecha vs izquierda, que existe en el seno de la
sociedad en general, sin darse cuenta que el objetivo, son tanto unos como
otros.

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